El Salmo 19 celebra los beneficios de la Palabra de Dios mucho más explícitamente que en cualquier otra parte de las Escrituras. Llega a un clímax como este: "Deseables son más que el oro, y más que mucho oro afinado; y dulces más que miel, y que la que destila del panal. Tu siervo es además amonestado con ellos; en guardarlos hay grande galardón" (vv. 10-11).
Si tuviéramos una visión perfecta para lo que está bien o mal, si pudiéramos conocer el futuro y las consecuencias de nuestras acciones y de todas las cosas que nos suceden, entonces quizá no necesitaríamos advertencias. Pero somos ciegos para muchas cosas y no conocemos el futuro, como lo conoce Dios. Necesitamos advertencias muchas veces de que el paso que vamos a dar es absurdo. ¡Ah, de cuántas decisiones destructoras del gozo nos libramos cuando prestamos atención a las advertencias de la Biblia!
En su misericordia Dios nos ha dado un libro que no solo nos señala el camino correcto, sino que hace sonar advertencias cuando estamos a punto de tomar el equivocado. Las advertencias son humillantes. Salvan nuestra vida al costo de nuestro ego.
La Biblia está llena de advertencias que dan vida y preservan el gozo. ¡Cuántas las personas con enfermedades venéreas habrían evitado esas enfermedades si hubieran considerado la advertencia: "Huid de la fornicación" (1 Co 6:18)! ¡Cuántas las personas con cáncer pulmonar lo habrían evitado si hubieran escuchado la advertencia de no esclavizarse a ninguna cosa, incluso la nicotina (1 Co. 6:12)! ¡Cuántas las personas no estarían presas si le hubieran prestado atención a la advertencia: "No matarás ... No hurtarás ... No hablarás contra tu prójimo falso testimonio" (Éx. 20:13, 15, 16)! ¡Cuántas ha arruinado sus vidas descuidando la advertencia clara como el agua: "Porque los que quieren enriquecerse caen en tentación y lazo, y en muchas codicias necias y dañosas, que hunden a los hombres en destrucción y perdición; porque raíz de todos los males es el amor al dinero, el cual codiciando algunos, se extraviaron de la fe, y fueron traspasados de muchos dolores" (1 Ti. 6:9-10)!
¡Cuán misericordiosas son las advertencias de la Palabra de Dios! Son la fuente de un gozo indecible para los que ven en ellas el buen corazón del Gran Médico. Él conoce la prevención y el remedio para cada pena. ¿Quieres que tus deseos sean más profundos y duraderos de lo que el mundo puede ofrecer? Entonces ve a la Palabra de Dios y obtén buenas advertencias.
"Cuando No Deseo a Dios", John Piper, Editorial Portavoz.
"Cuando No Deseo a Dios", John Piper, Editorial Portavoz.
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