sábado 28 de enero de 2012

Cualidades de un padre ideal

Mirando el relato del hijo pródigo (en el que el personaje principal es el padre, ¡no los hijos!), tres observaciones amplias vienen a la mente.

1. Primero, notemos que el padre estableció un medio ambiente cómodo, que cultiva, y lleno de gracia
Esta es una de las más importantes contribuciones que un padre o madre pueden hacer en la vida de su hijo. Las palabras y acciones son importantes, pero la atmósfera que producimos ejerce un enorme impacto en el sentido de seguridad y bienestar del hijo o hija.

2. Segundo, Jesús describió a un hombre con el que se podía hablar y lleno de gracia
El hijo menor evidentemente se sintió en libertad de decir lo que pensaba sin temor de reproche o rechazo. El padre ni siquiera lucha contra la breve demanda de su hijo (15.12). Podemos ver insolencia en el muchacho, un espíritu de derechos, una falta de respeto egocéntrica por el hecho de que era prerrogativa del padre repartir su riqueza, y del hijo exigirla.

De acuerdo a la ley judía (Dt 21), el padre debía repartir la riqueza en partes iguales, y el hijo mayor recibiría la doble cantidad de los demás. Normalmente esto se hacía después de la muerte del padre, a menos que él escogiera legar su fortuna antes. La petición del hijo fue grotesca; sin embargo, el padre en efecto recibió un beneficio: uno que tal vez sería sabio considerar. Él escogió transferir su riqueza a sus hijos antes de morir, lo que quería decir que él estaría presente para ver cómo la disfrutaban y podría regocijarse junto con ellos.

3. Tercero, el padre conoce a su hijo
Siendo mayor y más sabio, sabe que los tiempos difíciles son inevitables. Él sabe que el muchacho tiene edad suficiente para irse de casa, pero también sabe que ese hijo no tiene madurez suficiente como para enfrentarse a las tentaciones y demandas de vivir por cuenta propia. Con todo, este padre no ofreció resistencia. Porque sabía que su hijo no estaba en un marco mental como para escuchar, tratar de impartir sabiduría habría sido inútil. Los buenos padres conocen a sus hijos.

Este padre sabía que aflojar el nudo era su única esperanza de un día redimir a su hijo. Estamos seguros de que también entendía que los días por delante serían mucho más negros antes de que su hijo viera la luz. Y se daba cuenta de que tal día tal vez nunca vendría.

"La Crianza de los Hijos", Charles Swindoll, Editorial Nelson.

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