Si nos negamos a entrenar a nuestros hijos entonces les estaremos imponiendo una carga tan pesada que tendrán que llevar por sí solos y quizá por mucho tiempo. Sí, es cierto, Dios les puede ayudar y librarlos de tal carga y también Dios mismo puede darles la victoria sobre cada pecado en sus vidas. ¡Nuestro Dios es capaz de corregir cualquier defecto en el carácter de nuestros hijos! Dios lo hace por medio de la propia vida de Jesús que se hará manifiesta en la vida diaria de nuestros hijos que opten por andar en el Señor (véase Gálatas 2.20).
No obstante, es mucho mejor que nuestros hijos lleguen al acto de la conversión habiendo sido una persona entrenada según el plan bíblico. De este modo, nosotros les libramos de muchos sufrimientos futuros y heridas emocionales. Además, para la gloria de Dios, el hijo empezará a correr inmediatamente luego de haber nacido de nuevo. De otro modo, muchas veces ellos pasarán tiempos difíciles al tratar con sus malas costumbres y hábitos desordenados.
Denny Kenaston, "La búsqueda de una descendencia para Dios".
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