martes 13 de septiembre de 2011

Padres: limpiemos el hogar de toda influencia negativa

Como padres de familia, somos responsables de proteger a nuestros hijos de la influencia de la maldad. Vivimos en un mundo donde las “nuevas invenciones” aparecen casi a diario. Debido a todo este “progreso”, el mundo rápidamente puede informarnos de sus placeres más recientes, tanto a los padres como a los hijos. ¿Cómo enfrenta una familia piadosa todo esto?

Juan Bunyan, autor del muy conocido libro El progreso del peregrino, escribió una alegoría titulada La guerra santa. Esta obra es una alegoría acerca de las tentaciones que el diablo lanza para conquistar y controlar “Alma-Hombre”, o sea, el alma del hombre. En la historia, el alma del hombre se presenta como una ciudad que tiene cinco puertas. El enemigo logra entrar a la ciudad por medio de esas puertas. Las puertas simbolizan los cinco sentidos humanos.

Eso nos lleva a pensar en los padres de familia. En la actualidad, las familias necesitan de forma urgente de un portero (Nehemías 3.29) que de una forma amorosa investigue cualquier cosa que pretenda entrar al hogar por medio de esas cinco puertas: los ojos, los oídos, la nariz, la boca y el tacto. Un padre con tal cuidado y responsabilidad vigila que nada malo entre en ninguna de estas puertas mencionadas. Por lo general, todos concuerdan que algo anda mal en los hogares y en las iglesias de hoy. Una actitud permisiva en cuanto a lo que entra o no entra por estas cinco puertas es parte del problema.

¿Qué es “el mundo”? Muchos de nosotros hemos perdido la definición correcta de lo que constituye el “mundo”. Parece ser que la “Feria de la Vanidad” que Juan Bunyan describió en su libro El progreso del peregrino ya es una parte inseparable de la iglesia. ¡Es tiempo de examinarnos de nuevo! (2Corintios 13.5.) Millones de cristianos profesan creer en la doctrina de la separación del mundo y la iglesia (2Corintios 6.17). No obstante, las encuestas actuales indican que no existe ninguna diferencia entre la vida de “los cristianos” y la vida de aquellos que no profesan el cristianismo.

Eso nos hace “oidores” y no “hacedores de la palabra” (Santiago 1.22). Este mundo presente ya está siendo juzgado; es como una nave que está hundiéndose mientras los pasajeros de la misma bailan sin darse cuenta de su destrucción. Parece una gran verdad lo que escribió A.W. Tozer: “[Para la iglesia actual] el mundo ya no es un campo de guerra, sino un parque de diversiones”. Tal vez estas palabras parecen duras. Pero debemos hacer algo (Joel 2.15).

Padres, ¿están derribados los muros y quemadas las puertas de su hogar? ¿Han dirigido ustedes a su familia bajo normas santas? Que Dios nos conceda la valentía y el poder para que limpiemos nuestros hogares de cualquier cosa contaminante. No seamos ásperos y crueles al limpiar el hogar, sino que usemos nuestra autoridad en un espíritu de calma y con mucha ternura.

Unas palabras a las esposas. Su esposo necesita apoyo en su facultad de limpieza en el hogar. ¡Respáldenlo! Muchos padres han sido resistidos en su facultad de purificar su hogar por los ruegos de sus hijos y la presión de su esposa. Recuerden esposas, ustedes oran y desean que Dios haga de sus maridos unos hombres espirituales, y es por esa misma razón que ahora deben apoyarlos en la obra espiritual de limpiar el hogar de la influencia maligna.

"La Búsqueda de una Descendencia para Dios", Denny Kenaston.

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